Érase una vez...
Érase una vez que había cierta persona (que no quiero nombrar para no dañar su imagen), tan parásita de la vida que ya era tiempo de que hiciera algo por los demás. Un día, se le apareció Pepe grillo (sí, el mismo de Pinocho) en persona –o en grillo- y le dejó muy en claro que ya era hora de ser útil, mirándola con cara de velocirraptor pues estaba hasta las antenas de que no lo escuchara.-Pero con el poco tiempo que me queda no alcanzo a llegar a ningún lado! ¿cómo me voy a comprometer en alguna actividad si después no alcanzo a llegar?- le respondió esta persona.
Pasó que Pepe grillo se aburrió, tomó su bastón y se fue en busca del hada de Peter Pan.
- Muy bien, Pepe grillo, trataré de hacer algo al respecto. Los niños perdidos me ayudarán, pues el muy infantil de Peter le sigue buscando el odio al capitán Garfio, y no lo hemos visto en días.

Y no necesitó verle la cara a Pepe grillo, pues sabía que eso -contar cuentos- sí lo podía hacer (con un poco de ayuda, claro), y lo mejor es que le quedaría muy cerca de su casa.
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