Scherezade - Noche 2


Por las noches encendíamos una vela sobre la mesa y comíamos de las galletas que mi mamá nos hacía especialmente. No más de dos por cabeza!, si queríamos que duraran las dos semanas. Conversábamos de lo que habíamos visto durante el día, y luego todos nos íbamos al único dormitorio, nos metíamos en nuestras respectivas camas (yo siempre en la de arriba!) y la tía Vero comenzaba a contarnos cuentos. Había leído Las Mil y Una Noches y su repertorio de historias –hermosas todas- llegué a pensar que era infinito. Eso sí, no recuerdo que hayan sido ambientadas en el oriente, más bien creo que hacía adaptaciones especiales para su público que iba entre los 6 y 9 años, lo que se agradece. Así es como conocí por primera vez a Scherezade, encarnada en la mamá de mi amiga y sin saber en ese entonces su nombre. Sólo sé que desde ese momento quise leer el libro.
Por una suerte inmensa, el papá de mi amiga Vero era –y sigue siendo- aficionado a la fotografía, tanto que contagió a mi papá y creo que también me influenció, y tomaba muchas fotografías y me regalaba las que quisiera, siempre con una leyenda al reverso a modo de diálogos correspondientes a cada foto.
Cuando yo tenía 12 años seguía jugando con mis muñecas; mi amiga Vero ya coqueteaba con sus compañeros del colegio y poco después comenzó a pololear. Al principio yo la acompañaba en sus encuentros furtivos pues los pretendientes le regalaban mucho chocolate, e –inexplicablemente!- a ella no le gustaba mucho y me los regalaba casi todos… qué recuerdos aquellos!!! :D Luego ya nos separamos definitivamente; yo seguía jugando y ella seguía saliendo con chicos. Finalmente ya no nos juntamos más, aunque la relación con toda la familia siguió siendo muy estrecha. Yo tendría unos 15 años cuando se cambiaron de casa y no supimos más de ellos. Hace 8 años llegamos a la que es nuestra casa actual, y el año pasado nos volvimos a encontrar con los tíos. Resultó que viven muy cerca de nosotros, otra vez, y para celebrar tamaña coincidencia nos juntamos un par de veces. En una de esas visitas estaba mi vieja amiga junto a toda su familia: se casó y tiene 3 hijos, la mayor de 6 años y es muy parecida a ella. A su hermano no lo vi pero supimos que también se casó y ya tiene un bebé.
Y hace un par de semanas volvimos a encontrarnos con los tíos y nos reunimos otra vez a recordar viejos tiempos.
Y yo leyendo Misery y el “complejo de Scherezade”, y luego la feria del libro y Las mil y una noches que aún no logro tener (aunque sí leer algunos tomos), y luego la visita de quien encarnó a Scherezade durante los tres años que fui de vacaciones con ellos… en fin, que me he acordado muchísimo de cómo comenzó todo, allá, hace una tonelada de años.
Según nos contaron, hoy el bosque está cercado, es privado y el paso está prohibido; llegó la electricidad y el alcantarillado, y se ha llenado de nuevas y más lujosas cabañas. Nada es igual, pero los recuerdos siguen ahí, incorruptibles por el paso de los años.
2 Comments:
Que psot tán bonito.. me has traido muchos recuerdos a la mente, cuando era pequeño e iba con mis primas a la torre de mi abuela, semanas rodeados de pinos y bosque... aish! Aún ahora cuando nos juntamos lo recordamos todos con nostálgia pero con alegría.
Cogiendo tarántulas de pequeña... si es que... ya entonces se veía en lo que iba a convertirse esa chiquilla, entre la pasión por la biodiversidad (toma palabro) y esas histórias. ;)
Besicos Shere!
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